LLAMADME MOBY DICK
"Nos temen por nuestro gran tamaño pero no representamos ningún peligro. Los textos religiosos y mitológicos nos han otorgado un significado ambiguo: algunos nos asocian a lo sagrado, otros con el gran leviatán, el monstruo que se tragó a Jonás. Aún somos un enigma para la Humanidad, que ignora los misterios de la vida en las profundidades del océano"
Proyecto en el que trabajé unos meses con @_kathiuska_ . Diseño de La exposición en gran formato 'Llamadme Moby Dick', para Comfenalco @comfenalcoant sobre este clásico de la literatura universal de Herman Melville. La exposición inauguró el 7 de septiembre de 2019 en la @fiestalibro en #medellin .
NO SOY UN LEVIATÁN

Mi nombre es Moby Dick, soy un cachalote  y mido más de 30 metros, mi gran tamaño me hace  único en mi especie. También me diferencio de otros cachalotes por mi color. En las historias de los marineros me han eternizado como la ballena blanca.


Mi fama es terrible, me llaman el gran leviatán, el terror de los mares. Esta reputación se la debo a mi encuentro con el capitán Ahab.

Nunca olvidaré la primera vez que lo vi. El día era perfecto, un cielo azul celeste, bandadas de aves surcaban la superficie del océano, emergí a la superficie después de darme un gran banquete de calamares, expulsé un gran chorro de aire que por poco hace blanco en una gaviota, sentí la brisa suave de la tarde y me dejé llevar por el oleaje, justo en ese instante un arpón rozó mi cabeza, giré y vi los tres botes con sus arponeros prestos a lanzar sus armas de nuevo, me impulsé con la cola y me abalancé sobre ellos, los cuerpos volaron por el aire como troncos secos.

Tras estos hechos un bote quedó intacto, en ese momento vi al Capitán Ahab, nunca olvidaré la ira que destilaban sus ojos, empuñó su arma con fuerza y dio la orden de que remaran en mi dirección, golpeé el bote y antes de que el cuerpo del capitán tocara el agua, abrí mi boca y desgarré una de sus piernas, me sumergí con ella dándolo por muerto.

El capitán  no murió, desde ese día juró vengarse y ahora me busca por todos los mares.
TRAS EL GRAN “MONSTRUO”

¿Y por qué el capitán Ahab quería darme muerte? La respuesta está en mi cabeza. En el interior de mi enorme cabeza hay una sustancia que para los balleneros es el equivalente al oro, lo llaman espermaceti, y con él se fabrican las mejores velas y aceites para máquinas. Con la muerte de miles de ballenas se iluminaron millones de hogares en el mundo, se fabricaron objetos para satisfacer la vanidad de hombres y mujeres, algo absurdo, acabar con la vida de un animal para convertirlo en peines, sombrillas y piezas para el ocio de los hombres, no hay palabras para describir tanto horror. Mi especie no tenía enemigos, éramos los monarcas del mar, pero todo cambió el día en que un hombre por azar o premeditación descubrió  la gran variedad de usos que podía darle a nuestra grasa y al espermaceti.
EL CACHALOTE

Nos han bautizado con el nombre científico: physeter macrocephalus, algo así como soplador cabezudo. Nuestra expectativa de vida  es de  80 años, y el alimento preferido son los calamares gigantes, podemos sumergirnos  a más de 3000 metros de profundidad. Vivimos en casi todos los océanos del mundo y formamos grupos estables.   La mayoría de cachalotes llegan  a medir hasta 18 metros  y  su color es gris. Poseemos el cerebro más grande de todos los seres vivos y somos muy activos acústicamente ya que de ello depende nuestra orientación y que encontremos alimento a gran profundidad. 

Ismael, uno de los marineros más jóvenes del barco ballenero Pequod era aficionado a la ciencia que nos estudia: la cetología. Para Ismael somos cetáceos y en un primer momento se preguntó si realmente éramos peces. Nos definió como peces  que arrojan  un gran chorro y que tiene cola horizontal, pero somos mucho más que eso.
UNA ISLA LLAMADA NANTUCKET

“¡Nantucket! Sacad el mapa y miradlo. Mirad qué auténtico rincón del mundo ocupa: cómo está ahí, lejos, en altamar, más solitario que el faro de Eddystone. Miradlo: una mera colina y un codo de arena; todo playa, sin respaldo. Hay allí más arena de la que usaríais en veinte años como sustitutivo de papel secante” (Capítulo XIV de Moby Dick).

Hay un lugar que produce un miedo terrible a todas las ballenas: Nantucket.  Allí se originó la gran matanza, desde sus puertos se hicieron a la mar los primeros barcos balleneros, desde allí el capitán Ahab y su tripulación a bordo del Pequod partieron en mi búsqueda.
EL PEQUOD: VIAJE A BORDO DE UN BALLENERO

“Mi opinión es que cualquier hombre que posee  una cabaña de troncos en tierra con una torta de maíz en el fuego y acepta dejar todo ello para embarcarse en un ballenero es un loco de remate” (Diario de bitácora del ballenero Brewster, en: Ballenas, delfines y marsopas, Erich Hoyt, Peter Gill).
El capitán Ahab prometió un doblón de oro al marinero que me avistara. El capitán y su tripulación viajaban en el Pequod, un barco ballenero, pequeño en comparación con las demás embarcaciones  de la época; su madera tenía las marcas de la furia del mar y del paso del tiempo. Su nombre hacía honor a una tribu de Massachusetts.
El Gam: Los momentos de felicidad son escasos en la inmensidad del océano, pero cuando dos barcos se encuentran es un momento de júbilo, la alegría invade a todos los marineros. A este encuentro lo llaman el Gam.

Este, “es un encuentro social de dos o más naves, por lo común en zonas de caza, cuando, después de intercambiar saludos, los tripulantes se visitan empleando sus botes y en el interior los dos capitanes permanecen a bordo de una de las naves, y los dos primeros  oficiales en la otra” (Capítulo LIII de Moby Dick).
LOS TRIPULANTES MISTERIOSOS DEL PEQUOD

Las ballenas tenemos un gran oído, nos sirve para guiarnos en las profundidades del océano donde la luz es muy poca, casi nula.  Gracias a mi oído desentrañé un poco el alma de   los marineros que querían cazarme.

La  mayoría de la tripulación estaba conformada por  marineros corrientes; sin embargo, cuatro hombres llamaron mi atención, tenían en común que siempre se refugiaban en la cofa para entregar sus palabras a la complicidad de la noche y el mar.
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